Theremini: la reinvención digital del instrumento que se toca sin tocarlo

Es responsable del misterio que rodea a las bandas sonoras de clásicos como Ultimátum a la Tierra y su sonido posee una sutil añoranza presente, por ejemplo, en la más evocadora de las versiones de El Cisne de Camille Saint Saëns. El theremin, misterioso artefacto inventado a comienzos del siglo XX y que funciona sin que haga falta tocarlo físicamente, sigue fascinando en pleno siglo XXI. Fue el primer instrumento musical electrónico en ser comercializado de forma masiva en los años 30 del pasado siglo y Moog acaba de presentar una retrofuturista versión bautizada como Theremini y que actualiza la idea a la era digital.

El viejo theremin tiene ya casi 100 años y Moog, la misma firma que popularizó su venta en Estados Unidos, lo acaba de actualizar a la era digital. Sigue funcionando a partir de los mismos principios físicos pero en la versión del siglo XXI se afinan las imperfecciones analógicas que se daban, por ejemplo, al variar entre notas de diferente altura, lo que permite tocarlo con mayor claridad.

El theremin surgió, ya entrado el siglo XX, tras décadas de experimentación con el electromagnetismo en diversos campos.

Con el nuevo theremini, a la venta por unos 300 euros, las progresiones de escala resultan más limpias, pero el auténtico cambio viene con la incorporación del mismo software que ha hecho del instrumento virtual Animoog un éxito en las app stores de los sistemas operativos móviles. Gracias a él es posible practicar con escalas preinstaladas y decidir hasta qué punto queremos que el instrumento nos corrija. Esto quiere decir, ni más ni menos, que podemos ir de faroldelante de los amigos aparentando ser unos virtuosos aunque estemos estrenándonos con el instrumento. Eso sí, una vez que vamos adquiriendo destreza lo aconsejable es reducir este tipo de control para dotar a nuestras interpretaciones de cierta humanidad.

El theremini es, sin duda, un instrumento pensado para personas que no hayan tenido nunca antes contacto con su abuelo analógico. Otra ventaja para los principiantes es su pequeña pantalla. Usándola como afinador es posible observar la precisión de cada uno de nuestros gestos al interpretar una nota, para de ese modo alcanzar con facilidad la mayor afinación posible.  En el siguiente vídeo Dorit Chrysler, thereminista y cofundadora de la New York Theremin Society, demuestra las múltiples posibilidades del instrumento.

LEON THEREMIN, UNA VIDA FASCINANTEAhora nos llega actualizado por Moog, pero el theremin es un instrumento hijo de otro tiempo: surgió a comienzos del siglo XX, tras décadas de experimentación en diversos campos científicos con las ondas electromagnéticas. El documental Theremin: una odisea electrónica demuestra que su inventor, el ruso Leon Theremin, no era un lutier al uso. “El Edison soviético toma música del aire”, titulaba el Chicago Evening Post al hilo de la presentación en 1928 el Carnegie Hall de Nueva York. Theremin, que había llegado a mostrar su invento a Lenin en 1922, vivió varios años en Estados Unidos, donde desarrolló otros instrumentos electrónicos como el ritmicón o una versión a mayor escala de su instrumento más famoso que debía servirse de bailes de cuerpo completo pero que nunca llegó a funcionar bien.

A finales de los años 30, en un confuso suceso, Theremin desapareció de su casa de Nueva York y regresó a la URSS, no se sabe si por voluntad propia o a la fuerza. Tras ser internado en un campo de reeducación en Siberia, se ocupó del perfeccionamiento de la acústica en los sistemas de escucha de la KGB y acabó construyendo más theremines y dando clases en el conservatorio de Moscú, aunque la publicación de su paradero en el New York Times supuso su despido y la destrucción de sus instrumentos con un hacha. Cuenta su sobrina nieta en el documental que el vicepresidente del conservatorio dijo entonces que “la gente no necesita música electrónica. La electricidad es para matar traidores en la silla elécrica”.

En 1991, pocos meses antes del desmembramiento definitivo de la URSS, regresó a Estados Unidos para recibir el homenaje de la Universidad de Stanford y reencontrarse con algunos de los amigos que dejó allí, como el compositor Nicolas Slonimskyo la mayor virtuosa de su instrumento, Clara Rockmore. Falleció en Moscú en 1993 con 97 años.

 

Publicado originalmente en Vozpopuli.com.

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