Fósiles de la vida moderna

Podemos preguntarnos inútilmente qué sera de nosotros cuando hayamos muerto, pero no hallaremos respuesta. ¿Y si lo que queremos saber es lo que ocurriría si la vida de los objetos tecnológicos fuera como la de los seres vivos? ¿Qué pasaría si los gadgets que nos acompañan en nuestra vida tecnificada formaran parte de una comunidad biológica especial con una evolución análoga a la nuestra pero que no fuera hija del carbono? El escultor norteamericano Christopher Locke, convertido en un Linnaeus posmoderno, no sólo ha creado para ellos una categoría taxonómica: los ha redescubierto transformados en fósiles.“La desaparición de muchos de ellos ha tenido lugar por el consumismo desmesurado y el despilfarro al final de la cadena trófica”, afirma con un tono entre académico y sarcástico.

La hiperactiva obsolescencia que rodea a la tecnología, con generaciones que duran meses, le ha servido como punto de partida para un proyecto que invita a reflexionar sobre nuestro fetichismo de los objetos. Metido de lleno a taxónomo y observador de esta vida naturo-artificial, Locke ha dotado a cada uno de ellos de una nomenclatura latina utilizando la retórica del lenguaje biológico para definir su existencia: por ejemplo, el Ambulephebus sonysymphonia (vulgo, walkman) desapareció cuando surgió una nueva especie, el Egosiliqua Malusymphonicus (es decir, el iPod) y acabó con la base de su alimentación, los Asportatio acromatis (cinta de casete).

Tal es la velocidad a la que evoluciona su mundo que no han sido necesarios millones de años para verlos convertidos en piedra: en realidad “un proceso especial” los ha transformado a partir de “una mezcla de cemento con otros ingredientes secretos”. Cada uno de ellos está hecho a mano y es una pieza única que puede ser adquirida en distintas tonalidades a precios muy asequibles (a partir de 50 euros) a través de su página web, que también acoge una amplia muestra de todo su trabajo.

Locke se graduó en bellas artes en la Universidad George Washington y se ha especializado en escultura. Actualmente desarrolla su trabajo como escultor comercial en una galería de Austin, en el estado norteamericano de Texas, aunque su obra más personal está al alcance de todo el público gracias a su web. “Nada de lo expuesto tiene el apoyo de patrocinadores comerciales. Son piezas únicas y salen directamente de mi alma”, explica.

Publicado originalmente en Vanitatis.com.

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