La redención comercial del graffiti

Es arte para unos y vandalismo para otros. Vive parado en la intersección entre el discurso textual y el puramente visual, a medio camino entre el aprovechamiento de los recursos disponibles en el entorno y la expresión de una subcultura propia con rasgos estéticos únicos y distinguibles. Tras muchos años el grafitti parece haber recibido finalmente el reconocimiento de la ‘academia’ y la aceptación oficial. Puede que escribir en las paredes siga estando perseguido por la ley, pero la estética del graffiti ha tomado la publicidad, la hostelería, los museos e incluso la comunicación institucional de estamentos tan aparentemente antagónicos a él como el Ejército.

El nuevo presidente de EEUU lo es en parte gracias al graffiti, La imagen más representativa de la campaña electoral de Barack Obama era un póster bicolor en azul y rojo que mostraba al ahora hombre más poderoso del mundo mirando hacia arriba con trazos similares a los de las plantillas de vinilo utilizadas en el street art. Su autor era Shepard Fairey, todo un ‘rey Midas’ en esto del graffiti, aunque la utilización de una fotografía de AP le puede traer más de un problema. A pesar de que Fairey (conocido en el mundillo como Obey The Giant) asegura no haber ganado ni un solo centavo con la imagen, la agencia de noticias ha decidido demandarle por usar sin permiso una imagen de su fotógrafo Manny García.

Porque si de algo han aprendido los autores de graffiti y street art es de asuntos legales, aunque cada vez más los mismos organismos que los persiguen acaban dándoles su bendición aunque sea sin darse demasiada cuenta. Alberto Ruiz-Gallardón premió a finales del año pasado al colectivo Desviados sin tener demasiada idea de lo que hacía, porque sólo un año antes había ordenado derribar un muro en el que él mismo salía dibujado con dos botes de pintura en spray en la mano.

A pesar del reconocimiento institucional de algunos autores, el graffiti nace de la subcultura y es contrainformación en estado puro. Trabajos como los de Desviados son ejemplos de ello. Un buen ejemplo tiene lugar estos días en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, donde celebra desde este jueves la quinta edición del festival The Influencers, definido como “una galería de proyectos inclasificables, investigación sobre la guerrilla de la comunicación o muestra de ciencia ficción en el presente”. Entre los invitados a explicar su trabajo está Blu, uno de los máximos exponentes actuales del street art.

El grafitti está de moda y hasta las fashion victim se vuelven locas por la última colección de bolsos de Louis Vuitton en la que Marc Jacobs homenajea a Stephen Sprouse, pionero en la reivindicación artística de esta estética. El mismo Sprouse es el protagonista de una retrospectiva en la galería Deitch Projects de la calle Wooster de Nueva York. Y Jacobs no anda solo: otra marca de lujo, Cartier, prepara una gran exposición dedicada al graffiti para este verano en la sede parisina de su fundación para el arte contemporáneo.

Hace algún tiempo que el recurso del street art se ‘coló’ en las verjas de muchas tiendas. Cansados de limpiar una y otra vez sus fachadas, muchos propietarios prefirieron unirse al enemigo y encargar a escritores de graffiti que decoraran las entradas a sus tiendas. Por eso hoy no es extraño pasear por la calle Fuencarral de Madrid y ver que tiendas como Diesel o Sfera (perteneciente al grupo El Corte Inglés) los lucen.

En Madrid los últimos en darse cuenta del potencial de la pintura en aerosol han sido los responsables del Hotel Santo Domingo, situado en la céntrica plaza del mismo nombre. Antonio Núñez, responsable de marketing del esteblecimiento, lo enmarca dentro de la “vocación artística” del hotel: “Teníamos que decorar el parking del nuevo hotel y quisimos darle alma. En el aparcamiento no encajaba algo clásico, sino actual”. Dicho y hecho: dentro de poco más de un mes, cuando se inaugure el Hotel Santo Domingo II, los huéspedes que depositen allí su coche podrán ver la obra de tres jóvenes autores.

Sin duda uno de los casos más paradójicos en cuanto a la aplicación publicitaria del graffiti sea el del Ejército de Tierra de España. En su intento por aproximarse a la juventud, parte de la imagen gráfica de la institución (los calendarios de mano de este 2009, por ejemplo) tienen una imagen de un soldado similar a las de una plantilla de vinilo.

Irónico pero cierto: hasta ahora los soldados más reproducidos en graffiti eran los del artista británico Banksy, que ha hecho del discurso pacifista una de las bases de su trabajo. Sea como sea, el street art pasa de las calles a los museos y a las universidades como objeto artístico y de reflexión.

Imágenes: Superior: Una obra de Banksy (banksy.co.uk). Derecha: El muro de Gallardón creado por Desviados (desviados.com). Izquierda: Calendario del Ejército de Tierra.

Publicado originalmente en Vanitatis.com.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s