The Hilton Brothers y sus ‘identidades equivocadas’, en La Casa Encendida

La Casa Encendida, llena desde hace días de miles de mariposas rojas gracias a la instalación Captura libre de Xavi Muñoz que recorre el edificio del barrio de Lavapiés desde la entrada hasta su terraza, abre al público desde este jueves su gran exposición de verano, una antológica dedicada a la pareja artística formada por Chris Makos y Paul Solberg bajo el nombre de The Hilton Brothers. Junto a los espléndidos conciertos en la terraza de las noches de los domingos y las veladas de cine al aire libre de los sábados, esta muestra promete convertir a La Casa Encendida en uno de los ‘puntos aún más calientes’ del verano cultural madrileño.

El seudónimo The Hilton Brothers les viene como anillo al dedo. Tienen algo de las estrellas del vodevil siamesas de los años treinta y también de las ‘uberfamosas’ socialites Paris y Nicky Hilton, todo un género banal por sí mismas que merecerían tantas tesis como esa que al parecer le están haciendo a Carmen Lomana. Ellos también buscan lo bello porque sí, desean producir objetos que apelen sencillamente a las convencionalidades de lo bonito y a pesar de lo que podría parecer, no andan detrás de dobles lecturas con carga política.

No se puede entender el trabajo de The Hilton Brothers sin enmarcar su formación artística bajo el paraguas de Andy Warhol y Man Ray. Con los dos trabajó Mackos de un modo fructífero de ellos supo extraer la fina ironía de sus trabajos, esa delicada línea que cada vez nos cuesta más pasar para lograr entender los diferentes grados retóricos del arte… y de la vida en general.

Precisamente el capo del pop art tuvo mucho que ver en la intensa relación que Makos ha labrado durante décadas con España, interés que se vio reflejado por última vez en la exposición que organizó el hotel Palace hace algo más de un año. Warhol se trajo a su discípulo a España en 1983 y desde entonces Makos ha mantenido sus peregrinaciones temporales por estas tierras labrando grandes amistades, de Agatha Ruiz de la Prada a Alaska, algo que sin duda también habrá influido en su obra.

Con Solberg coincidía en intereses: comenzaron a fotografiar las mismas cosas después de darse cuenta de que les interesaban temas idénticos y poco a poco la relación se fue volviendo más intrincada. Primero elaboraron dípticos en los que fotografiaban dos objetos por separado para unirlos en la misma impresión después y a partir de ahí llegaron diversos proyectos colaborativos.

En la exposición de La Casa Encendida se puede comprender de un vistazo la trayectoria personal de los dos autores y el porqué de su unión, el camino recorrido por esas dos identidades confundidas, mezcladas, fundidas en otra superior que sobrepasa al simple acto de la adición. Además, hasta este viernes imparten un taller a jóvenes artistas en el que comparten sus estrategias para mantener vivo el pellejo en ese campo minado que es el mundo del arte contemporáneo.

Publicado originalmente en ElConfidencial.com.

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