El renacimiento del mercado más bello de Madrid

Varios eran los mercados de hierro que había antaño en Madrid. Antes de sucumbir ante el ladrillo y el hormigón, los de La Cebada y Los Mostenses eran junto al de San Miguel los dos mejores ejemplos de este tipo de arquitectura en la ciudad. El tiempo sólo perdonó a este último, pero le hizo vivir una agónica decadencia ante la pasividad municipal, como ha ocurrido con otros mercados de la ciudad cualesquiera sean sus estructuras. Sin embargo, el recinto junto a la calle Mayor ha conseguido salvarse después de que a alguien se le haya ocurrido reinventarlo.

Tras una profunda reforma que ha salvado únicamente la estructura metálica original acaba de reabrir convertido en el nuevo gastródromo de Madrid, un recinto gourmet que los abundantes amantes del buen yantar que hay en la capital ya echaban en falta y que aspira a convertirse en un centro de cultura culinaria que sea referente tanto en España como más allá de las fronteras (ver el álbum con imágenes y vídeos de varios de los puestos).

Estacionalidad, frescura y calidad. Con estas tres palabras se podría resumir la filosofía de negocio que los nuevos tenderos y los propietarios del espacio han querido poner en práctica en San Miguel. Treinta y tres espacios comerciales diferenciados se reparten la superficie del mercado. Hay carne, pero también flores; pescado, pero también cacharrería di design; pan artesano, pero también platos tradicionales preparados por Lhardy: tiendas que no pretenden cambiar los hábitos alimenticios de los madrileños, pero sí permitirnos vivir una experiencia casi sinestésica mientras hacemos la compra.

Un lugar con historia

El espacio que ocupa desde 1916 la estructura metálica está indisolublemente unido a la historia de la ciudad y lleva siglos siendo utilizado para la la venta de género fresco. También junto a su solar, en el que antaño se encontraba la iglesia de San Miguel de los Octoes, se construyeron los primeros rascacielos de la ciudad, de unos asombrosos ocho pisos para las humanas dimensiones de la Edad Moderna. Ramón Mesonero Romanos lo cuenta en su imprescindible El antiguo Madrid, de 1861.

El 16 de agosto de 1790 la Plaza Mayor ardió y con ella también las calles contiguas. Tras muchas tribulaciones José I, el único rey Bonaparte que ha tenido España, decidió tirar abajo lo que quedaba de la parroquia dentro de su política de apertura de espacios en el casco urbano de Madrid. Por los mismos motivos el hermano deNapoleón dio forma a la plaza de Oriente, algo por lo que acabaría consagrado entre el pueblo que tanto lo odiaba como Pepe Plazuelas. Lo de las botellas es otra historia.

En aquella época las cercanas plazas de los Carros y de la Cebada servían junto a las cavas Alta y  Baja como apeadero de los transportistas que llegaban a Madrid, pero el mercado de San Miguel seguía siendo al aire libre en la plaza pública y con puestos de madera. Contaba Mesonero Romanos: “Hoy sirve aquel solar de ingreso y parte del mercado con una portada de ladrillos construida hace pocos años para cubrir un tanto el mal aspecto de los cajones a la parte de la calle Mayor, que ciertamente deberían suprimirse en aquel sitio”.

No fue hasta comienzos del siglo XX cuando su reclamación fue escuchada. El proyecto fue completado de acuerdo a la tendencia comercial que venía de París y que tenía en Les Halles Centrales de la capital francesa el ejemplo a seguir. Una vez instalado en la plaza fue durante décadas lugar donde los grandes restaurantes de la ciudad (Horcher, El Puchero, Botín, Casa Paco…) se abastecían de género.

La reforma del siglo XXI ha consistido en consolidar la estructura pilar a pilar para luego proceder a un nuevo diseño del edificio. Hubo cambios de planes sobre la marcha: aunque en un principio sólo se iba a rehabilitar el espacio en determinados puntos, los propietarios aseguran que el mal estado de las estructuras obligó a cambiar por completo muchas cosas. Ahora los suelos son de granito; la marquetería, de cristal; se han añadido fernandinas y las palomillas que decoraban el inmueble original han vuelto en nuevas versiones. En el interior la plaza recibe de nuevo a los comercios: como parece ocurrir cada nuevo siglo, aquí toca volver a empezar.

Publicado originalmente en ElConfidencial.com.

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