Britney Spears o el pingüe negocio de la decadencia

Chris Crocker tuvo una buena idea el día en el que decidió colgar en su videoblog de YouTube una pieza pidiendo al mundo que dejara en paz a Britney Spears. Con el vídeo, publicado el 10 de septiembre, Crocker consiguió elevar su caché como estrella de la red hasta los 19 millones de visitas. Britney Spears –o su decadencia– venden como pocas. Sólo hay que echarle un ojo a Google Trends: su nombre supera en volumen de búsquedas y de noticias a Lindsay Lohan o Paris Hilton, con picos de audiencia en momentos como su ingreso en un centro de rehabilitación o la visita que le hizo la policía en su mansión. Su declive es negocio en la red y también fuera de ella y la fragancia Believe, último producto ‘marca Spears’ que ha salido al mercado, es prueba de ello. Más allá de su “mezcla chispeante de frutas exóticas, suaves notas florales y seductor ámbar” está la demostración de cómo para muchos, la exposición de las miserias de Britney Spears ha sido tan rentable como su trabajo musical.

¿Que uno no puede con su enemigo? Nada mejor que unirse a él. Para empezar, con el nombre. ‘Believe’ (‘Creer’) es toda una declaración de intenciones sobre la propia imagen actual de la artista. Por supuesto que Chris Crocker cree en Britney, al igual que los muchos fans incondicionales que, como ocurrió con Michael Jackson, defienden a su ídolo hasta las últimas consecuencias. Es ese público fiel el que va a seguir comprando parafernalia relacionada con la estrella pase lo que pase, porque el tiempo en el que las madres regalaban productos de la cantante a sus hijas adolescentes ya forma parte del pasado.

Posiblemente el caso de Britney Spears no habría tenido tanta repercusión (juguetes rotos en el mundo del showbiz los ha habido siempre) si Internet no hubiera reproducido minuto a minuto las visitas de la policía a su casa, sus escapadas de medianoche, el ingreso en el hospital… y es la red precisamente el medio que Elizabeth Arden (la firma concesionaria de las fragancias de Britney Spears) ha elegido para lanzar la colonia. La página web ibelieveinbritney.com arranca con una declaración de intenciones tan clara que parece como si todo el caos en torno a la vida de la estrella no fuera más que parte de un estudiado plan de marketing: “Las mujeres que se comportan bien raramente hacen historia”, reza parte del texto que aparece en cinco idiomas en el primer menú.

Como si se tratara de uno de esos insoportables hoax en los que se decía que Hotmail iba a cerrar o que un niño necesitaba nuestra firma en internet para conseguir una complicada operación, los visitantes de la web pueden dejar un voto a favor de la estrella. En el momento de escribir estas líneas, el total de personas que “creen en Britney” superaban por poco las 47.000 en todo el mundo, cifra con la que en España lograría escasamente un disco de oro si se tratara de las ventas de una obra musical. Para asegurarse la reproducción ‘viral’ del mensaje, una empresa especializada en nuevas tendencias de marketing a través de la red ha enviado a 20 blogueras europeas de España, Suecia, Italia y el Reino Unido una paquete con la colonia, una loción para el cuerpo, una chapa y el último disco de la cantante, con la idea de que este pequeño cohecho acabará ‘rebotado’ en los posts de sus blogs.

A Britney le pueden ir mal las cosas en el plano personal, pero el negocio se ha mantenido perfectamente durante todo este tiempo. A comienzos de este 2008 se aseguraba que su fortuna supera los 80 millones de euros, con un conglomerado de empresas que incluye las empresas Britney Brands (encargada de la distribución de licencias de productos oficiales como las colonias), Britney Online (su página web se mantiene con un escueto “Coming Soon”), Britney Touring (al cargo de las giras) Fairy Zone Productions (empresa que produjo el efímero reality que protagonizó con su ex Kevin Federline), One More Time Music y Britney Televisión. La colonia ‘salvadora’ para creyentes en el ‘ángel caído Spears’ sólo es un paso más en una muy bien planeada estrategia de negocio.

Publicado originalmente en Vanitatis.com.

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