“Profesora, ¿Dios tenía madre?”

Gran Telescopio Canarias (Nik Szymanek/IAC).

El físico teórico Michio Kaku comienza Universos paralelos contando cómo de pequeño le preguntó a la catequista de su escuela dominical si “Dios tenía madre”. Estadounidense de nacimiento pero japonés de ascendencia, Kaku no lograba conciliar en su mente las visiones que sobre el universo y su creación le ofrecían las dos tradiciones religiosas entre las que crecía. Mientras la Biblia hablaba de una creatio ex nihilo, en el budismo el universo era intemporal y carecía de principio o fin. Sólo un niño preguntaría si Dios tiene madre, y sólo alguien que siendo pequeño se hace ese tipo de cuestiones puede acabar desarrollando las bases de una teoría como la de cuerdas que, en las últimas décadas, ha cambiado por completo la comprensión que la ciencia tiene sobre la naturaleza última de la materia, el tiempo y el espacio.

Kaku es un físico accesible que ha logrado traducir los textos científicos a libros, programas de radio, documentales o incluso algo tan poco académico como un perfil en MySpace. Gracias a sus apariciones en los medios se ha convertido en uno de los físicos más populares en Estados Unidos, donde interviene sobre aspectos que afectan a la civilización en su conjunto, como el medio ambiente o la utilización de la energía. Universos paralelos. Los universos alternativos de la ciencia y el futuro del cosmos es un despliegue de toda su capacidad divulgativa para presentar una explicación didáctica de la visión del cosmos por parte de los astrónomos y los físicos a lo largo de la historia, el punto actual en el que se plantea la posibilidad de una multiplicidad de dimensiones y universos, y el futuro que le espera a este universo y a la vida como hoy la conocemos.

Dejando a un lado los prejuicios, el autor opina que los datos que sobre el origen del universo han ofrecido en los últimos años los instrumentos científicos dan como resultado una síntesis de las dos mitologías opuestas en las que él creció. “Según esta teoría”, explica, “los universos, como burbujas que se forman en el agua hirviendo, están en creación continua y flotan en una zona mucho mayor”. Nuestro universo surgió en un cataclismo, pero coexiste “en un océano eterno de otros universos”. Si esto fuera cierto, como señala el autor, “se están produciendo big bangs incluso ahora, mientras el lector lee esta frase”.

¿Cómo relacionar la gravedad, el electromagnetismo, la interacción nuclear débil y la interacción nuclear fuerte en una sola teoría que explique las características tan particulares de cada una? La búsqueda de una teoría de campo unificado o ‘teoría del todo’ ha llevado a la perspectiva actual de la mecánica cuántica, aunque en el camino se ha descubierto que las partículas elementales que conforman los átomos responden a una lógica absolutamente diferente a la que rige nuestros destinos. La teoría cuántica se basa en que “hay una probabilidad de que todos los sucesos posibles, por muy fantásticos o tontos que sean, puedan ocurrir”, y el big bang fue una transición cuántica altamente improbable. Nosotros tenemos muy pocas posibilidades de disolvernos y rematerializarnos al otro lado de la pared, pero los electrones hacen esto constantemente: de hecho, si no fuera por esta peculiar capacidad suya de estar en muchos sitios al mismo tiempo las moléculas no podrían ser estables y el universo se desintegraría.
El principio de incertidumbre parece entrar en colisión con debates planteados desde hace milenios por la filosofía y la teología. El desdén con el que los físicos han mirado a veces a los filósofos puede de todos modos volverse en su contra, como reconoce Kaku: “La teoría cuántica está incompleta y descansa sobre una base filosófica tambaleante”. Sin embargo, aunque parezca que los físicos han tomado el relevo de los pensadores medievales que debatían cuántos ángeles podían caber en la cabeza de un alfiler discutiendo en cuántos sitios puede estar a la vez un electrón, la mecánica cuántica es fundamental en el desarrollo de nuestra civilización. Los ordenadores cuánticos dejarán atrás en décadas la actual era del silicio y los científicos ya trabajan en la teleportación cuántica poniendo en práctica el ‘enmarañamiento’ cósmico comprobado con el experimento EPR, que confirma la relación entre los átomos de nuestro cuerpo y los átomos del otro lado del universo.

La teoría de cuerdas afronta el abismo entre la relatividad general y la teoría cuántica y parece unificarlas en su formulación como ‘teoría M’ aumentando el número de dimensiones hasta diez para incluir la relatividad general. Dicho de otro modo, exige la presencia de la gravedad para funcionar. La mejor cualidad de la teoría de cuerdas es que ofrece una imagen física tan bella y sencilla como una sinfonía. Si pudiéramos observar el centro de un electrón no veríamos una partícula puntual, sino una cuerda vibrante. Al pellizcarla, la vibración cambiaría y el electrón podría convertirse, por ejemplo, en un neutrino, y al volver a hacerlo, en un quark, y dependiendo de la fuerza con la que la pellizcáramos, podría convertirse en cualquiera de las partículas subatómicas. “En realidad”, como explica Kaku, “todas las subpartículas del universo pueden verse como nada más que diferentes vibraciones de la cuerda. Las ‘armonías’ de la cuerda son las leyes de la física”.

La verificación de la teoría de cuerdas con un telescopio es un poco descabellada. Su comprobación puede tener lugar a partir de las matemáticas puras y no de la experimentación, y para Kaku podría servir para el viaje desde un futuro universo moribundo hacia un nuevo hogar. Hoy el hidrógeno se ha comprimido y las estrellas iluminan el cielo, pero dentro de un gúgol de años (un uno seguido de cien ceros) incluso los agujeros negros habrán agotado su energía y la temperatura se acercará en el universo al cero absoluto, “con unos cuantos electrones y positrones encerrados en sus potentes órbitas, neutrinos y fotones dejados por la desintegración del barión y restos de potrones extraviados”, como señala el cosmólogo Tony Rothman.

¿La vida inteligente podría sobrevivir en un entorno así? ¿Es posible escapar a un universo paralelo antes de “la cesación definitiva del procesamiento de información” en el nuestro? Para un físico la cuestión sólo radica en si las leyes de la física permiten la existencia de una máquina así. En cualquier caso, los humanos estamos bastante lejos de poder crear instrumentos de este tipo y el punto en el que se encuentra nuestra civilización no le permite ni siquiera aprovechar toda la energía solar que llega al planeta.

El ruso Nikolai Kardashev clasificó las civilizaciones en tres tipos. Nosotros nos encontraríamos en el grado 0,7H, de acuerdo con la precisión hecha por Carl Sagan, sin ni siquiera llegar al tipo I. Para concebir el salto sería necesaria una del tipo IIIQ. Nuestra generación es, para Kaku, la que puede conseguir definitivamente encaminarnos con seguridad hacia el futuro. “A diferencia de las anteriores, tenemos en nuestras manos el destino futuro de nuestra especie, tanto si nos elevmos hasta cumplir nuestra promesa como civilización de tipo I como si caemos en el abismo del caos, la contaminación y la guerra”.

UNIVERSOS PARALELOS

Autor: Michio Kaku.
Editorial:Atalanta.
Páginas: 470

 

Publicado originalmente en ElConfidencial.com.

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