Menos no se puede pedir: un hotel de cero estrellas

La crisis puede con todo y mientras el lujo parece vivir momentos inciertos la austeridad se convierte en tendencia en todos los campos. Dubai o Milán buscan la excentricidad con hoteles de siete estrellas, establecimientos donde los grifos son de oro y un mayordomo nos recoge en el propio aeropuerto, donde nos reciben con nuestra música favorita o nos tratan como si fuéramos príncipes, pero en Suiza ocurre justo lo contrario. En el país de Heidi, los relojes de cuco y las cuentas secretas está a punto de abrir sus puertas un hotel de cero estrellas.

La pareja de hermanos artistas formada por Frank y Patrik Riklin recibieron de las autoridades del cantón de St. Gallen el encargo de rehabilitar un antiguo búnker antiaéreo de la guerra fría y han puesto en marcha una idea que comenzó como algo meramente artístico para acabar convertido en un proyecto de negocio. “Es un concepto que pretende transmitir seriedad”, explican, “y promete cierto confort que permite libertad”. Los primeros huéspedes pasaron dos periodos de prueba en el interior el pasado octubre.

El resultado de su idea es un hotel low cost (sus precios se calculan a partir de nueve euros por noche) con capacidad para un máximo de siete personas por habitación. Que nadie se espere las tradicionales vistas espectaculares de los hoteles suizos: al fin y al cabo esto es un búnker y está construido bien escondido bajo la tierra. Eso sí, una cámara ofrecerá imágenes en vivo del exterior a través de una pantalla de televisión.

Comodidades, lo que se dice comodidades, va a haber pocas: nada de estufas: mantas y bolsas de agua hacen las funciones del sistema de calefacción. Las habitaciones son compartidas y a falta de percheros, cualquier tubería es buena para dejar colgada la ropa. Las camas van desde las tradicionales literas hasta otras más habituales en los hoteles ‘normales’ y que de hecho llegaron hasta aquí tras el cierre de un establecimiento cercano.

“En el negocio de los hoteles hace falta una serie de requisitos mínimos para tener una estrella. Eso no ocurre aquí: hay libertad”, aseguran los creadores. Por supuesto los gemelos Riklin no se han inventado el concepto de hostal, que está bien vivo, y los alojamientos baratos para viajeros jóvenes o mochileros que miran su bolsillo atraen el interés de grandes empresas como EasyJet, que cuenta con hoteles en Londres, Ginebra, Malta y Budapest a partir de 15 euros.

Lo que ellos han hecho es envolverlo con una capa artística que seguramente atraerá a más de uno. A medida que la crisis nos obliga a apretarnos el cinturón renunciamos a los caprichos más superfluos, pero si la austeridad se envuelve de arte la cosa es diferente. Los Riklin ya planean abrir 11 hoteles en otros tantos búnkeres a lo largo del país centroeuropeo: lo dicho, la austeridad es el nuevo lujo.

Publicado originalmente en Vanitatis.com.

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